De gira

1)      Quizá había mejores lugares en los que empezar (quieras que no, nos hemos estado fijando en otros grupos, dónde empiezan ellos, que si en Sol, que si en Apolo, que si en Razz), pero a nosotros nos dio por empezar la gira en prisión, en Can Brians, donde con otro grupo de cuyo nombre no quiero acordarme hicimos un concierto en el patio, años atrás, con los presos del módulo 4 (asesinos, violadores y pederastas). Esta vez estuvimos allí para celebrar la patrona de los presos, la Merçé, y nos dejaron tocar en el teatro, en, seguramente, el escenario más grande que hemos pisado. Y el público también cambió: presos preventivos, mezclados hombres y mujeres, con sus respectivos funcionarios («Aquí somos nosotros quienes tienen la condena más larga», me soltó uno). Lo mejor: en medio de una de las canciones, después de que el funcionario vigilante alejara su mirada inquisitiva de ellos, un hombre puso su sudadera sobre la falda de su compañera y deslizó la mano bajo la prenda para adquirir un conocimiento más profundo de su amiga, mientras sus ojos miraban como quien está frente a una pared blanca. Lo peor: casi nos dejamos a Andreu, que despareció, como es habitual, en el momento más inoportuno. Aún tenemos grabado en el hipotálamo su expresión de terror zombie entre los barrotes.

2)      Segunda parada: Lennon’s del Hospitalet. Si alguna sala de conciertos tiene la posibilidad de ser o haber sido una cámara de prácticas sadomasoquistas, es esta. Había una barra vertical entre rejas para bailar como una stripper, pero Edu no lo hizo.

3)      Algunos saben que una de nuestras salas preferidas es El Veintiuno, de Huesca. Pues bien: hemos encontrado una sala hermana a una distancia mucho más alcanzable para nuestras cuerdas y baquetas vocales: la sala Balboa de Sabadell. Además, hacían una fiesta de los años ochenta y la camarera ERA Eva Nasarre. Tocamos ahítos de embutido del Berguedà y whisky escocés entre muebles remodelados antediluvianamente. Una buena gimnasia. Inolvidable: anunciar el concierto con megáfono rojo (volamos a Moscú) por las calles adyacentes a la sala.

4)      Todo estaba preparado para ir a Madrid, la gran plaza donde mueren los mejores toros. El día en que llegamos declararon la independencia de Cataluña. Por momentos pensamos que iba a ser nuestro primer concierto internacional. Era una gran ilusión, en fin, todo. Porque iba a venir Javier Álvarez, uno de los poetas y cantantes más ocultos de estos tiempos de oscurantismo, a cantar una canción con nosotros; porque íbamos a tocar en Café La Palma, sala mítica; porque veríamos a viejos amigos; porque tocar en directo es como follar y tenemos una canción en mente que se llama Follando en Madrid. Se trataba de llevarla a cabo. Lo mejor: Javier Álvarez bailando y colando sin la más mínima vergüenza unas letras de ABBA en la canción. Lo peor: de vuelta queríamos pararnos a comer cochinillo y no hubo forma, oye.

5)      Este fin de semana había combo: Miranda de Ebro y Bilbao. Todos necesitamos un norte. Nos recibieron de una de las mejores formas que se puede recibir a Ada Van: con un cordero lechal al horno, en la sociedad gastronómica de los TeleclubDj’s, Raúl y Jorge. Otra forma de llevar una canción a cabo (y rabo, a Tito le tocó el rabo), La fiesta del cordero. Debido a un presupuesto estricto, compramos para bromear unos corderos inflables. Pero no eran para bromear. Tenían unos ojos enormes y seductores, unos labios pintados de rojo, un orificio entre las patas traseras. Hay gente que le hace a los corderos inflables lo que nosotros hacemos en los conciertos. No estamos tan mal. Alguien recitó el verso de un poeta anónimo que nos dejó pensando durante gran parte de la noche: Mejor que el Viagra, cambiar de cabra.

6)      Bilbao: nos sentimos artistas residentes por una noche. La Hacería es una fábrica de creación que lleva funcionando desde 1998, combativa y cojonuda. Nos dieron tortilla de verdad, vino, risas. Llovía y hacía un tiempo de perros. No echamos de menos el Guggenheim. Dormimos en una construcción moderna de contenedores de mercancías, en un silencio casi irreal. A veces aún creemos que seguimos allí durmiendo, pero no estamos durmiendo, quién quiere dormir. Próxima parada: Reus.