Promo en Madrid

El taxi se va y atardece a 44 grados en Atocha. Gira en la rotonda y desaparece calle arriba.

Es el segundo día de promo en Madrid, con vistas al concierto del día 28 de octubre en Café la Palma, y hemos hecho nueve entrevistas. «Dice Tito que le gustaría grabar un videoclip con Luis Buñuel. A ver si nos está escuchando y se anima a rodar con Ada Van».

Día anterior. Salimos de la estación de Sants a las 6:25 de la mañana. Al llegar a Fuenlabrada, la Flaca se olvida la maleta en el tren y tenemos que correr como galgos por el andén para recuperarla, nos puede el miedo a que cierren las puertas y el tren se vaya con ella. Luego, con la maleta en la mano, sudando y jadeando como Falete después de una sesión de fitness, nos dicen que aquel era el destino final del tren. Que no se iba a mover de ahí. Ok, gracias.

Dos entrevistas concertadas, una con Cadena Ser Madrid Sur –unas oficinas pequeñas, acogedoras y ajetreadas: me preguntaron por Cataluña: «La música no tiene bandera», y olé– y otra con Fuenlabrada Noticias en un bar de moteros recubierto de madera y con una Harley colgando del techo. Respondo con el cerebro reblandecido, propio de quien ha pasado la noche en blanco. En una foto estoy durmiendo en el banco de un parque, para la posteridad. La pátina de sueño lo recubre todo, pero los de Fuenlabrada noticias despiertan con su interés las capas oníricas en las que se debate el engranaje sordo del pensamiento. Así de espeso estoy. «No, nuestro método de creación es el caos, como los griegos».

Comemos en un mesón en el que sirve una versión castiza de Harpo Marx. Camino de vuelta a la estación, lo vemos correr bajo el sol abrasador. ¿Qué hace? Llega sudando. La Flaca se ha dejado la maleta. «¿En serio? ¿Y no podías haberla traído?», le dice, y su estupefacción es sincera, pero Harpo piensa en un catálogo de guillotinas.

En la siguiente entrevista, el entrevistador no se presenta. Tal vez hubiera sido mejor cancelarla, pero la posponemos al día siguiente. Cogemos un taxi, la Flaca deja la maleta en el maletero y a las seis estamos en el hotel NH al lado del Hard Rock. «¿Qué es el síndrome de Vichy?» Me tienta responder que es una dependencia del agua carbonatada. Acabamos la tarde haciendo una entrevista en la radio de Vaughan, la macroescuela de inglés. Aprendí una palabra, fret: traste. Hace calor y dicen que mañana hará más.

Dormimos en casa de Chema Rizos Cordero y amanece de nuevo. Dejamos las maletas en su casa contando con que tendremos tiempo suficiente para recogerlas por la tarde.

En los locales de ensayo Ritmo y Compás conocemos a Juan, locutor y editor de LH (La Hostia) Magazin. Batallador nato, todo el mundo le pide que vaya a sus conciertos, pero él no va a ninguno. Me dice que irá al nuestro. Es un cachondo.

Llegamos a la entrevista del entrevistador impresentado. Pero esta vez se presenta: «¿Así que vuestro EP se llama Siete señoritas gritando?» «¿Cuándo tocasteis con los Strokes?». La Flaca no para de reírse en mi cara zen mientras corrijo cada una de las preguntas.

De cabeza a un programa de tarde en el centro de Madrid. El tema son las zonas de confort. Me paso la entrevista pensando en Zona de Énard y La zona de Dovlátov. Lo del confort lo dejaremos para otro día. Al salir, nos da tiempo de tomar unas cervezas en un banco de la Castellana, o eso es lo que pensamos. Cuando nos damos cuenta, estamos corriendo cuesta arriba a casa de Chema. Para contribuir a la calma, la Flaca asegura que no sabe dónde están los billetes ni si los tiene.

Cogemos las maletas y allí están los billetes (estrés gratuito). No pasan taxis (estrés real). Quedan quince minutos y el AVE no espera. Mira, sí, por fin, allí viene uno. La Flaca le dice al taxista «Sube, sube esta canción, me encanta». El taxista la sube y nos ponemos a bailar. Llegamos a Atocha con el tiempo justo. Abrimos las puertas, bajamos, corremos, pero solo unos pasos.

La Flaca me mira con ojos desorbitados y dice: «¡Espera, se me ha olvidado…!»

El taxi se va, gira en la rotonda y desaparece calle arriba. Atardece a 44 grados en Atocha. El resto es otra historia.